10/12/15

Slade House, de David Mitchell



Slade House ha sido mi primera incursión en la literatura de David Mitchell. Hace algunos años lo intenté con El atlas de las nubes pero por circunstancias ajenas al libro terminó abandonado. A través de NetGalley me hice con Slade House una novela no demasiado larga, algo que pesaba en la parte negativa de la balanza para leer a Mitchell, y además, decían, era su obra más accesible. En cuanto a lo de accesible lo entendí por lo de la longitud del texto, no por sencillez, así que me lancé por fin a por este prolífico autor.


Slade House en cuanto a estructura no parece una novela convencional, ya que se compone de una serie de relatos unidos y mezclados que acaban teniendo un hilo conductor. Por lo que conozco del autor, es un leit motiv estructural de Mitchell. En esta novela hay una historia de fantasmas que, por lo que parece, está directamente relacionada con The Bone Clocks, ya que trata temas y tramas de esta novela. Además esta novela surgió de un experimento del autor a través de Twitter, que podéis leer aquí. Es decir, el señor, al que no le falta abuela, vio que su idea era cojonuda y decidió hacer una novela siguiendo el mismo esquema.

“My body is dead but my soul is saved.”

La primera historia se enmarca en 1979 y cada capítulo va avanzando en intervalos de nueve años que terminan en octubre de  2015. Todos estos capítulos tratan sobre una casa “encantada” en Londres. Los capítulos siguen una estructura similar y están narrados en primera persona por el personaje que visita la casa. Cada uno de ellos tiene una voz narrativa diferente aunque las tramas son relativamente parecidas creando expectativas que terminan derrumbándose. La primera historia, por ejemplo, sienta las bases de lo que será Slade House. Una sensación de magia y de extrañeza en cuanto el personaje principal se acerca a la casa junto con elementos clásicos del terror de “casa encantada”: escalones que crujen, un reloj que no funciona como debería, rostros fantasmales en las ventanas, retratos familiares que dan escalofríos…

Mitchell tiene una prosa alucinante y, aunque esto pueda parecer contradictorio, es muy sencillo de leer sin ser angloparlante experto. La estructura, una vez nos sumergimos en ella, es cómoda para el lector y se lee con fluidez, despejando las dudas de que Mitchell no parece un autor tan complicado y laberíntico como creía. Aún así la trama tiene algunas cosas extrañas. Tan extrañas como el infodump que nos lanza el autor al final de la obra y que resulta del todo anticlimático.

“I hate her; but how far short it falls, this petty, neutered verb. Hatred is a thing one hosts; the lust I feel to harm, maim, wreck and kill this woman is less an emotion I hold than what I am now become.”


Como curiosidad he descubierto que Mitchell interconecta todas sus novelas con pequeños detalles que va dejando en sus textos. Personajes, lugares o situaciones hacen que el universo de sus novelas sea una macro-novela, tal y como lo son cada una de sus obras. El autor parece llevar un paso más allá lo que ya hacía Stephen King en sus novelas.

David Mitchell está catalogado en literatura mainstream, aunque muchas de sus obras (o todas, pero no puedo hablar con conocimiento de causa), son de ciencia ficción o fantasía. Aún así, es un autor muy popular en Reino Unido. Y me pregunto yo, ¿qué problema tienen las editoriales españolas con David Mitchell? El atlas de las nubes y Escritos fantasmas están saldados (yo mismo los compré en Gigamesh tirados de precio). Mil otoños desconozco si sigue distribuida. ¿Hay más novelas del autor traducidas? ¿Las habrá?