lunes, 10 de agosto de 2015

The Dragon Engine, de Andy Remic


Hasta hace unos días, Angry Robot era sinónimo de calidad. No al 100%, pero sí es cierto que ser una editorial anglosajona independiente, con títulos potentes, me provocaba cierta admiración. En las estanterías de literatura fantástica, paso la vista por títulos, a veces por nombres de autores y en otras ocasiones por el logo de la editorial, y siempre que veo uno de Angry Robot, lo saco para manosearlo un poco. Autores como Chuck Wendig, Lavie Thidar, Wesley Chu, Aliette de Bodard, o Lauren Beukes, son motivo suficiente para confiar en el sello. Pero cuando empiezas a encontrarte con títulos que te dejan un sabor agridulce, e incluso amargo tras la lectura; cuando algunas de estas lecturas incluso las llegas a abandonar, esa admiración por el sello cae en picado. Como sabéis, soy usuario de NetGalley, y aunque al principio me desboqué de forma desmesurada en la solicitud de copias de prensa, desde hace unos meses me pienso muy bien qué libros solicitar. Mi primer ARC (Advance Reader Copy) fue The buried life de Carrie Patel, el cual me supuso un shock, pues estaba predispuesto a que me gustara, era mi primera colaboración con la web, y el libro fue una lectura engorrosa y ardua. Pero el colmo ha llegado con uno de los últimos ARC que me han concedido, The Dragon Engine, de Andy Remic, un autor que ha publicado hasta seis libros en el mismo sello y que parece ser bastante popular entre el fandom anglosajón de fantasía.  The Dragon Engine llegó a mí por una serie de casualidades, yo apenas conocía al autor, y el título, a decir verdad, no me llamaba en absoluto. Pero verlo en NetGalley, leer algunas cosas sobre el título en diferentes lugares de la red y un par de reseñas exageradamente positivas en Goodreads me convencieron para pedirlo.