miércoles, 12 de octubre de 2016

Sólo el acero, de Richard Morgan


Sólo el acero, de Richard Morgan es una novela de fantasía épica (o heroica) protagonizada por Ringil Eskiath, un antiguo héroe que se ha dado a las drogas, a la bebida y al sexo. Un noble desheredado por ser homosexual, algo considerado una ofensa por su padre. ¿Qué es la fantasía épica sin batallas? ¿Sin héroes? ¿Sin grandes hazañas? ¿Qué ocurre cuando las grandes batallas han pasado, la paz se ha instaurado, y ahora las luchas se libran al sonido de las monedas y el rasgar de los papeles? Ringil recuerda con nostalgia amarga la batalla que le hizo héroe, la batalla de la Quebrada del Patíbulo. Pero es eso, un recuerdo. Richard Morgan nos presenta una novela de héroes caídos en la monotonía, en la desgracia. Casi como veteranos de guerra que intentan reinsertarse en la sociedad tras terminar su trabajo. Uno es un mafioso, el otro un proxeneta, Ringil es un mercenario que vende sus historias y su espada por pequeños trabajos mal pagados.

Richard Morgan ataca unas cuestiones siempre ocultas y nunca tratadas en la fantasía épica. ¿Qué ocurre después de la épica? ¿Qué ocurre cuando nuestros héroes se hacen mayores? ¿Y si hay paz? Autor de Leyes de mercado y Carbono alterado, ambas en Gigamesh, Sólo el acero, traducida por Manuel de los Reyes y publicada en Alamut es la primera de una trilogía, la cual ha quedado interrumpida temporalmente en España. Y digo temporal porque me niego a pensar que ha muerto. Richard Morgan deja de lado los estereotipos de la fantasía y nos muestra un lado oscuro y perverso, incluso degenerado, como el propio Ringil dice en varias ocasiones. Ringil es un héroe que cree en la justicia, pero vive en un tiempo oscuro, desubicado, en el cual su espada no le sirve de nada. Tiene muy mal temperamento y es extremadamente violento. El resto de personajes tienen sus taras, como Archeth, una mitad humana mitad kiriath, es decir, una mulata, que encima es lesbiana, o Egan, un gran héroe nómada que sufre un intento de regicidio. Los personajes de Solo el acero recuerdan que todo tiempo pasado fue mejor, y el presente les abruma, por eso cuando se presenta una oportunidad de usar sus habilidades marciales, no lo dudan.

Hoy en día parece que la fantasía épica se ha agotado, y que las novelas están más regidas por un realismo sucio (tirando más al grimdark, con autores como Abercrombie), dejando de lado esa épica de los grandes héroes y las grandes batallas que podíamos encontrar en Malaz. Richard Morgan precisamente tuerce estos conceptos de la fantasía épica y recoge los clichés más característicos para deformarlos a su gusto, ofreciendo una obra que reflexiona sobre la propia épica, sobre el papel del héroe, y sobre toda esa narrativa sanguinaria, desde un punto de vista "post" épica. Es decir, después de los heroico. Richard Morgan es un gran narrador, sin nada que envidia al ya mencionado Joe Abercrombie, o a otros de los grandes en la narrativa de la fantasía como Sapkowski o Rothfuss (por lo narrativo, repito, no por lo temático). Aún así, Morgan va más allá, con un lenguaje políticamente incorrecto, escenas de sexo explícitas que harán incomodarse a más de uno, y situaciones que cuestionan los límites de nuestra propia moral. Todo esto aderezado de algunos de los mejores diálogos que he encontrado en una novela de fantasía. Sólo el acero es una novela que puede leerse de forma independiente, ya que cierra el arco principal de la primera novela. No obstante deja arcos abiertos, aunque no demasiado grandes, para las siguientes novelas. Por lo que el autor tuvo el acierto de estructurar una trilogía con tres obras que se puedan leer sin necesidad del todo. Una suerte para Alamut. Para finalizar la reseña, no quisiera cerrar sin destacar el impresionante trabajo de Manuel de los Reyes con la traducción, donde se le nota en plena forma, y es que el texto de Richard Morgan es todo un desafío que su traductor supera con creces. Esperemos que Alamut recupere esta fantástica trilogía, y que además recupere al mismo traductor.

martes, 4 de octubre de 2016

The Dream-Quest of Vellitt Boe, de Kij Johnson


Lo he dicho en numerosas ocasiones, pero Tor.com es mi editorial anglosajona preferida. No solo porque (casi) todo lo que están publicando desde hace unos años es un must read (quizá su línea juvenil no me atrae demasiado, y en fantasía tienen cosas un poco tostón), pero que estén apostando por una cantidad de autores noveles tan amplia y generando un catálogo variadísimo, repleto de tonalidades, la convierte en una editorial digna de admiración. El caso es que a veces, por muy interesante que parezca un título, nuestros gustos personales entran en conflicto y eso es justo lo que me ha pasado con The Dream-Quest of Vellitt Bo, de Kij Johnson. Una novella corta interesantísima, con un enfoque original de la mitología lovecraftiana (sí, todavía se puede), y que por su sinopsis tenía una pinta estupenda. Vellitt enseña en la escuela para mujeres Ulthar Women’s College y cuando una de las alumnas más talentosas desaparece, le toca emprender una aventura para rescatarla. Una novela repleta de referencias lovecraftianas (a mí pesar, hasta la saciedad, tanto que incluso llegan a cansar), pero que ofrece un enfoque menos oscuro sobre estos paisajes, y a la vez siguen fascinando por su misterio e intriga. Me ha recordado mucho a la novela de Daryl Gregory, Harryson Squared, pero claro, aquí la comparación no le hace bien a la novela de Kij Johnson, ya que la anterior mencionada la supera con creces, tanto en narrativa, como en argumento, personajes y humor. El caso es que debo estar harto de los mitos lovecraftianos porque lo que pintaba como un interesante y nuevo enfoque, me ha resultado más aburrido de lo esperado. Por otro lado, la historia no está mal, la protagonista principal, la profesora Vellitt tiene sus cosas buenas, pero cuando notas que la trama se parece demasiado a una sencilla partida de rol, con sus jefes, sus batallas lineales y poco más, creo que el global pierde. Para añadir algo positivo, decir que la historia está muy bien escrita, es entretenida y a pesar de lo que pueda parecer, no se me ha hecho pesada de leer, y qué narices, quizá vuestra percepción lectora es completamente opuesta a la mía.