23/3/17

La tierra permanece, de George R. Stewart


Este 2017 una de mis intenciones es leer más clásicos, y que Gigamesh reeditara La tierra permanece, novela que ha sido publicada varias veces en España pero llevaba varios años descatalogada, era una excusa perfecta para conocer a un autor importante en la ciencia ficción. Leyendo otras críticas de esta misma reseña, algunas comentaban que las anteriores ediciones de La tierra permanece, de George R. Stewart mostraban un texto no demasiado bueno, e incluso malillo. El caso es que Gigamesh no solo reedita el formato con una cubierta nueva, sino que también lleva una nueva traducción a cargo de Luis Delgado.

La tierra permanece es una novela apocalíptica, que narra el fin de la civilización humana tal y como la conocemos a causa de una enfermedad que acaba con casi toda la población. La narración se centra en el científico protagonista que vive en medio de la naturaleza dedicado a sus estudios y que, al volver a la ciudad, descubre el cataclismo. Es entonces cuando la novela arranca verdaderamente, pues la desolación, las dudas, la tristeza, o el desamparo son diferentes motores que darán ritmo a la novela. No me confundáis, no he notado que la novela fuera especialmente pesimista, quiero decir, es una novela apocalíptica, y el fin de las cosas debería ser algo desolador. Creo.

En cualquier caso, Isherwood Williams, acostumbrado al aislamiento de la sociedad plantea una interesante reflexión sobre la destrucción de la civlización y cómo de las cenizas puede surgir la esperanza, pues según va envejeciendo, va construyendo una pequeña aldea o comuna con la esperanza de unir algunos retales de lo que hubo. 

La tierra permanece, publicada en 1949, bebe directamente de las consecuencias a todos los niveles de la Segunda Guerra Mundial, por lo que no es de extrañar que el tono general de la obra sea depresivo y catastrofista. Por otro lado, como comentaba antes, Stewart no ofrece solo decadencia, sino que hace una defensa sobre volver a las raíces, de rechazo a lo industrial, de una sociedad más conectada con la naturaleza y sus circunstancias inmediatas. Pero por otro lado, el estilo narrativo del autor es tan sobrecogedor que su lirismo hace de barrera para que el apocalipsis no nos empape. El propio estilo ayuda a que el lector empatice con la idea de volver a las raíces y a una especie de sociedad pre-industrial mucho más preocupada con su entorno, y con unas bases morales más sólidas.

He quedado muy impresionado por lo bien que esta novela ha aguantado el tiempo (a nivel argumental, porque la brillante traducción de Lluis Delgado ha conseguido un lavado de cara de primera), pues es una obra que se escapa de clichés, y aunque la idea de una sociedad que colapsa y hay que reconstruirla desde las cenizas no es novedosa, La tierra permanece tiene puntos fuertes de sobra como para obviar este hecho. Bravo por Gigamesh por querer apostar una reedición de un clásico (me atrevo a decir que poco conocido o recordado hoy en día) tan interesante, lo que demuestra un gran criterio de selección. Reeditar obras tan antiguas siempre es algo muy arriesgado, pues la fiebre de la novedad nos tiene poseídos a todos, por lo que celebro y os animo a que le deis una oportunidad a la novela de George R. Stewart, pues a mí me ha dejado muy impresionado.